Thursday, March 30, 2017 Ciencia ciudadana: conectar con la naturaleza y aprender a protegerla
Connect with nature

Espantar a un ciervo con nuestra presencia en el bosque u observar a un insecto posado sobre nuestro brazo; las conexiones con la naturaleza suelen ser experiencias íntimas y fugaces. Pero, gracias a la enorme popularidad de la ciencia ciudadana, cada salida al aire libre representa también una oportunidad de proteger los espacios silvestres y todo lo que valoramos.

Cualquiera que disponga de conexión a Internet puede registrar sus observaciones de plantas y animales y enviarlas a una variedad cada vez más amplia de bases de datos nacionales e internacionales. Esta información se ha convertido en un recurso fundamental para las organizaciones que intentan descubrir el mejor modo de salvaguardar los recursos naturales y la diversidad biológica.

«La recopilación de datos por multitud de ciudadanos corrientes representa una contribución valiosísima para la ciencia, sobre todo en las labores de supervisión de nuestro amenazado medio ambiente», explica Jackie McGlade, Jefa de la División de Ciencias del PNUMA. «La tecnología ha desatado el potencial de estas personas».

En este sentido, las aves —que ofrecen un buen indicador de la salud del planeta y sus ecosistemas— son un ejemplo perfecto.

En la actualidad, ciertas aplicaciones para teléfonos inteligentes y sitios web, como eBird, de la Universidad Cornell, gozan de cobertura mundial. En esta plataforma, aficionados y profesionales pueden introducir sus registros y consultar el trabajo de investigación que se ha desarrollado gracias a su contribución.

La elaboración de mapas que señalan la distribución y la abundancia de especies ayuda a identificar los hábitats y las zonas de gran diversidad biológica, lo que permite a los científicos y encargados de la formulación de políticas diseñar estrategias de conservación más eficaces. El valor de los datos va aumentado con el tiempo, ya que revelan de qué modo reacciona la naturaleza ante las presiones como el cambio climático o la contaminación.

Un ejemplo son las encuestas ornitológicas de voluntarios realizadas por el British Trust for Ornithology, que muestran que especies como el cuclillo se han desplazado hacia zonas elevadas y en dirección norte en respuesta al aumento de la temperatura y, por tanto, se ha producido un cambio en el tipo de hábitat que es preciso conservar para proteger su población menguante.

Como parte del proyecto del Atlas de aves de África Meridional, los aficionados están recopilando información mediante GPS sobre la ubicación de aves y otras especies que podrían verse amenazadas por el anhelo del gobierno de extraer gas de esquisto en la región semidesértica de Karoo.

Son muchos los entusiastas de la ornitología capaces de identificar las aves que se encuentran, {j}pero no es necesario ser un experto para participar en este tipo de proyectos, que pueden resultar gratificantes para los adultos y divertidos para los niños.

Existen otras iniciativas, como la plataforma mundial iNaturalist o el BioAtlas de Singapur, que también animan a la gente a que envíen fotos de todo lo que vean —desde orquídeas hasta coníferas, pasando por mariposas o ranas— con el objeto de que los científicos identifiquen sus descubrimientos.

El año pasado, cientos de personas recorrieron el norte de Kenya en busca de la cebra de Grévy, una especie amenazada. Los voluntarios fotografiaron las rayas distintivas únicas de cerca de 2.000 ejemplares y las enviaron junto con sus coordenadas de GPS. Esto permitió a los científicos determinar la estructura de edad y la ubicación del 80% de la población keniana de este animal, la más grande del mundo.

Otros proyectos demandan incluso una mayor participación práctica.

Convocados por el Earthwatch Institute, colegios, empresas, institutos de investigación y particulares desde Shanghái y Calcuta hasta Vancouver y los Grandes Lagos han tomado más de 17.000 muestras de agua de ríos y lagos. Que se analizan a fin de detectar distintos problemas, como por ejemplo concentraciones elevadas de fertilizantes agrícolas.

La canadiense NatureWatch es una de las iniciativas ciudadanas con mayor solera; plantea a los niños el reto de desenterrar y contar lombrices —sin causarles ningún daño— con el propósito de llevar a cabo un seguimiento de la salud del suelo.

En América del Norte, asimismo, el proyecto Lost Ladybug vende la diminuta larva de la escasa mariquita a los científicos aficionados del estado de Nueva York a fin de que puedan colaborar en la recuperación de la especie —muy valorada por los agricultores porque se alimenta de los pulgones que destruyen las cosechas—.

Además de apoyar las labores de conservación, estos  «ciudadanos científicos» están ayudando de numerosas formas a fomentar el desarrollo del conocimiento humano y la mejora del bienestar.

La aplicación MarineDebrisTracker anima a los americanos que se sienten disgustados por la enorme cantidad de basura acumulada en las playas y el océano a que la registren, para que los expertos la analicen, y la retiren.

Los ciudadanos están ayudando a las autoridades sanitarias de distintos países —entre ellos, España— a realizar un seguimiento de la multiplicación de mosquitos transmisores de enfermedades como la malaria, el dengue, la enfermedad del Zika o la fiebre chikungunya. El PNUMA y el Wilson Center pretenden reunir estos proyectos en una plataforma mundial que facilite el intercambio público de la información en tiempo real.

No obstante, las actividades pueden ser bastante más especializadas. Por ejemplo, a través de la plataforma Zooniverse los investigadores reciben la asistencia de voluntarios en todo tipo de tareas monumentales de procesamiento de datos, desde el análisis de diarios de soldados de la Primera Guerra Mundial hasta el cartografiado de las extraordinarias formaciones poligonales de la superficie marciana.

Sean cuales sean sus intereses, probablemente exista algún proyecto científico para usted que requiera la colaboración ciudadana. El Día Mundial del Medio Ambiente, que este año se propone «conectar a las personas con la naturaleza», podría ser la ocasión ideal para unirse a uno.

Recent Posts
Connect with nature La vida es mejor si estamos en contacto con nuestro planeta

Por Erik Solheim, Director General de ONU Medio Ambiente

Connect with nature La piedra angular de la vida, por Yolanda Kakabadse

Por Yolanda Kakabadse, Presidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)