Tuesday, February 28, 2017 Cuida de la naturaleza y la naturaleza cuidará de ti
Reportajes

Millones de personas de todo el mundo saben que adentrarse en un entorno natural —ya sea una tarde en la playa, un emocionante fin de semana en la montaña o un simple paseo por el parque después de una jornada difícil— hace que nos sintamos mejor.

Pero los beneficios para la salud de «conectar a las personas con la naturaleza», el tema de este año del Día Mundial del Medio Ambiente, van mucho más allá: incluyen, asimismo, las ventajas generales relacionadas con la salud mental, el control de enfermedades y el descubrimiento de medicamentos que mejoren la vida de las generaciones presentes y futuras.

Los problemas de salud mental representan una carga enorme para la sociedad. Tan solo la depresión afecta a 350 millones de personas y constituye la principal causa de discapacidad en todo el mundo.

El contacto con la naturaleza puede ayudarnos a aliviar esta carga.

Los investigadores —que, entre otras observaciones, han medido las ondas cerebrales y el ritmo cardíaco— han descubierto niveles de estrés más bajos y menos síntomas de depresión y ansiedad entre las personas que pasan más tiempo en los espacios verdes. La interacción con la naturaleza también puede mejorar la actividad cognitiva en los niños que presentan déficit de atención y las personas depresivas.

Según los resultados de un estudio realizado en el Reino Unido en 2014, las personas que se trasladan a zonas urbanas más verdes experimentan mejoras en la salud mental que pueden durar años. Esto es una prueba más de que la creación de parques y jardines en las ciudades tiene un efecto positivo sobre la salud pública.

En el Japón, se encuentra tan avanzada la comprensión de los beneficios que los bosques reportan a la salud que algunos gobiernos locales promueven ya la denominada «terapia forestal». En este país, los investigadores han descubierto que pasar tiempo en el bosque puede fortalecer el sistema inmunitario —incluso en el tratamiento de enfermedades como el cáncer— y aliviar el estrés.

Del mismo modo, Corea del Sur cuenta con «bosques de sanación» oficiales y en Finlandia también empiezan a reconocerse los beneficios para la salud de pasar tiempo en contacto con la naturaleza.

Déficit de naturaleza

Durante su existencia, de 2 a 3 millones de años, el ser humano ha vivido en entornos naturales la mayor parte del tiempo. Se denomina biofilia a nuestra sensación innata de bienestar en la naturaleza y hay quienes temen que este sentimiento esté recibiendo una desatención peligrosa en un mundo cada vez más urbano y digital.

Según se indica en un informe de la National Trust, una organización sin ánimo de lucro del Reino Unido dedicada a la conservación, es necesario abordar el «trastorno por déficit de naturaleza». Este término describe el coste que la alienación de la naturaleza tiene para el ser humano, como, entre otros fenómenos, el uso reducido de los sentidos, las dificultades de atención y unas tasas más elevadas de trastornos físicos y emocionales.

Pese a no ser una enfermedad reconocida, este concepto explica el número cada vez mayor de niños que «no disfrutan de la pura dicha del contacto con el mundo natural y, en consecuencia, se convierten en adultos que no entienden la importancia de la naturaleza para la sociedad humana».

El informe argumenta que «[s]i no conseguimos invertir —y pronto— la tendencia hacia una infancia sedentaria y criada en interiores, corremos el riesgo de acumular problemas sociales, médicos y ambientales de cara al futuro».

Además, los espacios verdes son lugares perfectos para las actividades deportivas y recreativas y, por tanto, son beneficiosos para la salud física. En las zonas urbanas, estos espacios son una herramienta fundamental en la lucha contra la obesidad: en 2012, 3,2 millones de muertes prematuras podían achacarse a la falta de actividad física.

Las personas con la fortuna de tener un jardín pueden conectar con la naturaleza cuidando de sus flores y árboles, o cultivando frutas y verduras saludables, libres de sustancias químicas nocivas. El uso de los desechos del hogar y del jardín para elaborar fertilizante orgánico nos ofrece otra posibilidad de conexión sana con la naturaleza.

Respetar los sistemas naturales protege nuestra salud de otras formas fundamentales.

Los árboles, por ejemplo, absorben el dióxido de carbono, amortiguan el ruido del tráfico y liberan oxígeno a la atmósfera. Los bosques de las tierras altas proporcionan agua limpia a las ciudades y los pueblos situados corriente abajo.

Sigue aumentado el número de ciudades que plantan árboles con el ánimo de paliar la contaminación atmosférica, el mayor —y único— riesgo ambiental para la salud: cada año mueren 7 millones de personas en todo el mundo a consecuencia de la mala calidad del aire.

La salud y la supervivencia de muchas de las personas más pobres del planeta dependen de los bosques. Se estima que los medios de subsistencia de 1.600 millones de personas que viven en la pobreza están ligados parcial o enteramente a los bosques.

Medicina natural

Nuestros lazos con la naturaleza abarcan, además, la provisión de medicamentos tradicionales y modernos.

El uso de las plantas en la medicina tradicional data de los orígenes de la civilización. Las plantas medicinales tienen efectos terapéuticos claros y desempeñan un papel importante en la atención primaria de la salud en numerosos países en desarrollo.

Algunos de los analgésicos más comunes, así como de fármacos para el tratamiento de la malaria, el cáncer, los trastornos cardíacos o la hipertensión, se derivan de plantas.

Pero, incluso hoy día, el ser humano tan solo comienza a avistar los beneficios potenciales de numerosas especies de árboles y arbustos.

Por ejemplo, se ha descubierto que los árboles del género Vernonia, que los chimpancés suelen buscar cuando se encuentran mal, contienen compuestos químicos prometedores para el tratamiento de las parasitosis —por oxiuro, anquilostoma o giardia, entre otros—  en humanos.

No cabe duda, pues, de que la extinción de una especie supone la pérdida del potencial de su riqueza genética y  quizá dé pie a que valiosos remedios queden para siempre fuera de nuestro alcance.

Por todos estos motivos, vale la pena conectar con la naturaleza y preservar su salud: ya nos está devolviendo el favor con creces.

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