Friday, June 2, 2017 La piedra angular de la vida, por Yolanda Kakabadse
Se rapprocher de la nature

Por Yolanda Kakabadse, Presidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)

La historia de la humanidad está en una encrucijada. Nuestras acciones están transformando al planeta en formas sin precedentes, y si seguimos así las consecuencias serán desastrosas.

Pero todavía tenemos la oportunidad de cambiar nuestra trayectoria. Si nos unimos para dar juntos los pasos decisivos, podemos trazar el camino hacia un futuro sostenible donde las personas vivan en armonía con la naturaleza.

La biodiversidad sustenta muchos de los sistemas de la Tierra que damos por sentados, nos proporciona el aire que respiramos, la comida que comemos y el agua que bebemos; y mantiene los ecosistemas que la sociedad necesita si quiere prosperar mientras se asegura el acceso a materias primas esenciales, productos y servicios.

Aún así, nuestras propias acciones están llevando al planeta y su biodiversidad al borde del abismo. Actualmente estamos produciendo, usando y consumiendo comida y energía sin pensar en el mañana, y como si se tratara de un préstamo bancario, algún día alguien va a tener que pagar.

Proteger el medioambiente de la mano con el desarrollo social y económico es fundamental, no solo porque garantizará nuestro bienestar, sino por razones económicas.

Producir mejor y consumir inteligentemente es clave para establecer mercados resilientes que permanezcan dentro de la operatividad segura de nuestro planeta, salvaguarden nuestra riqueza natural y contribuyan a la economía y a la prosperidad social.

También puede ayudar a mejorar la estabilidad financiera y evitar los efectos de la escasez de recursos y desastres naturales, como inundaciones, tormentas y sequías.

Debemos, sin duda, honrar el tamaño de este desafío. En 2016, el Informe Planeta Vivo del WWF reveló que en 2020 la población de vida silvestre se habrá reducido en dos tercios en un periodo de 50 años, únicamente debido a la actividad humana. La pérdida de hábitats, y la degradación y sobrexplotación de la vida silvestre han alcanzado niveles sin precedentes en menos de una generación.

En enero, la NASA y la Oficina Meteorológica británica confirmaron que 2016 rompió el récord como el año más caliente de la historia, el tercero de forma consecutiva.

Los desastres naturales se están volviendo más intensos y frecuentes. El año pasado, en el sur y el este de África, un inusual y fuerte El Niño, acompañado con un récord de altas temperaturas, dejó a 36 millones de personas viviendo en sequía y con hambre. Y ahora los científicos nos alertan que grandes tormentas aumentarán su intensidad mientras el planeta se calienta y suben los niveles del mar.

Pero hay (todavía) un resquicio de esperanza. Si la humanidad puede causar este nivel de daño, también puede arreglarlo. La producción de alimentos y materias primas, y los sistemas financieros y de energía requieren cambios radicales, algo que comienza con cada uno de nosotros.

Con frecuencia escuchamos a las personas hablar sobre un mundo hiperconectado, y sin embargo lo que necesita la mayoría de nosotros es conectarse con la naturaleza, la piedra angular de toda la vida en la Tierra.

La ciencia es una cosa, pero vivir y sentir la naturaleza es lo que la hace real para las personas, ya sean adultos o niños. Lo hemos visto antes con la contaminación: al sufrir los impactos en su salud, las personas se han preparado para exigir los cambios necesarios y presionar a los gobiernos y empresas para que las apoyen.

Ahora es el momento de conectarnos con la naturaleza en una escala mayor, y esta puede ser una experiencia sin igual.

No hay nada como estar en el mundo salvaje, en la cúspide de una montaña, en la entraña de un bosque o en medio de la inmensidad del océano, para sentir una profunda conexión con la naturaleza.

Cuando nos adentramos en ella, nos recordamos que todos los organismos vivos están conectados,  algo que muchos de nosotros rara vez puede experimentar, ya que cada vez más personas viven en las ciudades, lejos del medioambiente natural.  ¿Cómo podemos esperar que protejan algo que no ven, entienden o aman?

No es fácil, pero es lo que tenemos que hacer. La naturaleza no solo se trata sobre el sustento de nuestras vidas, también abarca los hábitats naturales y sus especies. La biodiversidad proporciona valor para uno y para todos, incluyendo a los más vulnerables. Solo cuando reconocemos verdaderamente la interdependencia entre nuestra demanda de alimentos, agua y energía y los sistemas naturales de la Tierra, podemos cambiar nuestro comportamiento y valorar la naturaleza.

Piensa en el océano.  Debajo de su vasta superficie azul, su valor para nuestro planeta y las personas es casi incalculable. Pone la comida en la mesa y sustenta billones de dólares en actividades económicas en todo el mundo.

El océano produce 50 % de nuestro oxígeno, absorbe el calor, lo redistribuye alrededor del globo terráqueo, y regula el sistema climático mundial. La vida no podría existir sin estos inmensos recursos marítimos y los bienes y servicios que proveen, al parecer indefinidamente.

Pero esta fuente que nos inspira y alimenta, estabiliza el clima y proporciona otros innumerables beneficios, está mostrando señales de mala salud. Presiones como la destrucción del hábitat, la contaminación y la sobrepesca se han ido amontonando en los últimos cien años. Hoy día, casi 90 % de las reservas de pescado están sobreexplotadas o totalmente explotadas, dejando casi sin opciones alimenticias a una población humana en rápido crecimiento.

Hay signos definidos de progreso y esperanza. En los últimos dos años el mundo se ha unido en la lucha por nuestro futuro compartido. Con la ratificación del Acuerdo de París, las naciones están comenzando a actuar en base a sus compromisos climáticos.

Actualmente hay un impulso en el trabajo para alcanzar las metas de biodiversidad trazadas para el 2020; los Objetivos de Desarrollo Sostenible son esfuerzos enfocados en solucionar los desafíos sociales y ambientales de nuestra época; las empresas están dando un paso adelante hacia metas basadas en la ciencia y movimientos de base como el de la “Hora de la Tierra” nos muestran que las personas también están ávidas de ser parte de los esfuerzos globales hacia el cambio.

Esto es un comienzo fantástico, pero necesitamos movernos más rápido, aspirar más alto y actuar decisivamente y con determinación para crear un impacto positivo.

Proteger el planeta comienza por los individuos y la conciencia de que habitamos un hogar compartido.  Necesitamos que más personas se inspiren a amar y valorar el planeta para que lo protejan.  La humanidad está intrínsecamente vinculada a la naturaleza y lo ha estado por millones de años: no podemos sobrevivir sin ella.

Por primera vez en la historia, sabemos que podemos destruir nuestro futuro, pero también sabemos lo que necesitamos hacer para salvarlo, y juntos realmente nada es imposible. 

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